El retrato del siglo XX a través del cine mexicano “Una familia de tantas”

La segunda mitad de la década de los cuarenta representó, por lo menos para los espectadores más favorecidos de la sociedad mexicana, la época en la que nuestro país ingreso a una modernidad caracterizada por un estilo de vida fuertemente influenciado por costumbres y hábitos de consumo importados de los Estados Unidos.

El fenómeno no era nada nuevo. Medio siglo antes, México dirigía su mirada hacia Francia, país en el que muchos compatriotas -incluido el presidente Díaz- encontraron la inspiración necesaria para intentar convertir a México en una nación moderna y pujante.

Lo diferente radicaba en el énfasis, además de la cercanía geográfica. Mientras que el mexicano afrancesado de principios de siglo lograba combinar sus valores tradicionales -heredados de la mezcla cultural hispano-mexicana- con el refinado vanguardismo francés, la modernidad de la posguerra rompía tajantemente con las tradiciones más enraizadas de la cultura mexicana, La modernidad francesa era católica, latina y elegante. La modernidad americana era protestante, sajona y vulgar.

Lo cierto es que México cambiaba más rápidamente que su gente. La capital llegaba al millón de habitantes y la nación ya no era gobernada por militares. La alianza con los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial había enriquecido al país y el acelerado crecimiento producía la primera generación de millonarios mexicanos desde los años del porfiriato. La clase media crecía y los aparatos electrodomésticos comenzaban a invadir los hogares mexicanos, prometiendo a las sufridas amas de casa una liberación nunca antes soñada. La aparición de estos aparatos era una novedad, como por ejemplo la heladera (refrigerador) o la aspiradora, que no estaban tan fácil al alcance de los bolsillos.

Una familia de tantas es uno de los mejores retratos fílmicos de etapa de cambios sociales en México que José Emilio Pacheco descubriera de forma magistral en su famosa novela “Las batallas en el desierto”.

Como en la novela de Pacheco, los personajes de la cinta de Alejandro Galindo se ven enfrentados a una ruptura del orden tradicional en el núcleo familiar, lo cual desencadena un choque de voluntades irreconocibles. Sin embargo, mientras que en “Las batallas en el desierto” la ruptura es un evento pasajero, en la magnifica cinta de Galindo la transgresión es definitiva. La aspiradora que trata de vender el personaje interpretado por David Silva borra, literalmente, el polvo vetusto que parece acompañar siempre a don Fernando Soler.

Melodrama son concesiones, Una familia de tantas es una de las pocas cintas de la época de oro que se mantienen vigentes hasta nuestros días. En la actualidad, todavía hay en México muchas Marus enfrentadas a la intolerancia de otros Rodrigos Cataño, empeñados en añorar unos tiempos “menos modernos” que los que vivimos.

Escrito por:

Sandra Díaz